Yemas de Santa Teresa

Un dulce de convento con siglos de historia

35 minutos 6 comensales

Hoy nos hemos propuesto tocar el cielo con el paladar, y qué mejor forma de hacerlo que con un dulce bendecido por la tradición: ¡las exquisitas yemas de Santa Teresa!

Esta receta de sencillez monacal es, además de un poderoso símbolo abulense, un refinado bocado de placer, capaz de resucitar el espíritu de cualquira con su textura azucarada.

Lejos de secretos indescifrables y una elaboración complicada, este manjar no tiene mayor complicación que atinar con la elección del ingrediente principal: yemas de los huevos camperos que ponen las gallinas más jovenes de Pazo de Vilane o, lo que es lo mismo, yemas de huevos de primera puesta.

Una vez hecha la selección, solo nos quedará trabajar debidamente el almíbar que resulta de mezclar el azúcar blanco con el agua.

¿El resultado? Una experiencia gastronómica que eleva el alma y trasciende el mero acto de comer.

Yemas de Santa Teresa Portada

Origen e historia de las yemas de Santa Teresa

  Si hay algo que todos tenemos claro es que las yemas de Santa Teresa llevan siglos presentándose como la joya más valiosa de las confiterías de Ávila. Ahora bien, ¿sabemos realmente de donde viene su fama? ¡Presta atención porque te lo contamos, sin dejarnos detalle!  
  • Las teorías acerca del origen de este diminuto manjar son tan numerosas como diversas, siempre envueltas en un delicado halo de misticismo. Algunas lo sitúan en el seno de de la Orden de las Carmelitas Descalzas, donde las monjas sacaban un rato de su oficio de oración y trabajo para elaborarlas con ingredientes humildes, obteniendo a partir de su venta el sustento necesario para mantener el convento.
  • Sin embargo existe una teoría más reciente que sitúa su origen en “La dulce avilesa de Ávila”, una pequeña confitería familiar del siglo XIX que con el tiempo pasó a denominarse “La flor de Castilla”, manteniendo este nombre intacto hasta el día de hoy. Según narran las voces expertas, fue el fundador de esta pastelería el que registró desde el primer momento el producto, para protegerlo ferozmente de cualquier intento de imitación.
  • Esta receta que comenzó siendo un clásico regional, degustado únicamente en las celebraciones más especiales, se ha convertido en la actualidad en un auténtico emblema de Ávila, capaz de trascender las fronteras de Castilla hasta alcanzar los mercados gourmet de todo el mundo.
  • ¿Su secreto? ¡No lo sabemos! Pero lo que sí podemos confirmar sin miedo a equivocarnos es que esta receta cumple las expectativas de los críticos más exigentes cuando la elaboramos con yemas de huevos camperos de primera puesta, es decir, los primeros huevos de nuestras gallinas, que reconocerás porque van envasados en nuestra especial caja negra. 
  • Si a los cuidados que les damos a todas nuestras gallinas en Pazo de Vilane (pastos frescos todos los días, granjeros especializados, la mejor alimentación posible y granjas pequeñas), unimos su juventud - en este caso, seleccionamos los huevos de las gallinas de menos de 35 semanas- te puedes imaginar qué propiedades. 
  • Son un poco más pequeños, pero al igual que los perfumes... ¡Son todo esencia: sabor, textura, aroma...! Una locura en matices y rendimiento culinario.   
  • Puedes hacerte con todos las que necesites en El Corte Inglés, Hipercor y Sánchez Romero. Te dejamos un enlace donde puedes consultar las tiendas más cercanas.
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Ingredientes

  • 6 yemas de huevos camperos de primera puesta Pazo de Vilane
  • 100 ml de agua
  • 50 gr de azúcar blanco
  • Azúcar glas

Elaboración

  1. Coloca las yemas en un bol. Con unas varillas, bátelas ligeramente para que se mezclen bien.
  2. En una cazuela pequeña, pon el azúcar y el agua a calentar a fuego medio. Remueve hasta que el azúcar se disuelva completamente. Cuando el almíbar alcance el punto de hebra, retíralo del fuego y, poco a poco, añádeselo a las yemas en forma de hilo, sin dejar de remover constantemente con las varillas.
  3. Vuelve a poner la mezcla en el cazo donde has hecho el almíbar y cocina a fuego muy bajo, sin dejar de mover, hasta que la masa se espese y se despegue fácilmente de las paredes del cazo. Traslada el resultado a un bol de cristal y cubre con papel film. Deja reposar en el frigorífico unas 3 horas para que se enfríe y adquiera la consistencia perfecta.
  4. Una vez reposada la masa, con ayuda de una cuchara moldea pequeñas raciones. Pasa las bolitas un par de veces por azúcar glas hasta lograr una forma totalmente redondeada. Preséntalas en cápsulas de papel y deja caer un poco más de azúcar por encima.
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