Historias de la cuarentena: el punto de vista de un pequeño músico

Niños jugando el fútbol tras el confinamiento

 

Muchos padres andamos preocupados por las consecuencias psicológicas que esta pandemia pueda tener en nuestros hijos. ¿Cómo les afectará tanto encierro? ¿Lo viven con la misma preocupación y ansiedad que nosotros? ¿Pensarán tanto en el futuro? ¿Sentirán la misma incertidumbre?

Por eso, de entre muchas de las historias de la cuarentena recibidas, nos sorprendió la de Bruno, un madrileño de 11 años. En su relato nos dejaba claro que echa de menos muchas cosas (el cole, el fútbol, los primos…) pero también aprecia y está disfrutando su día a día: los largos ratos de convivencia en familia o los momentos en que su padre le enseña, con paciencia, a tocar la guitarra.

Desde Pazo de Vilane, te invitamos a que saborees también los buenos momentos que nos está dejando esta cuarentena (que sí, ¡los tiene!). Como hacen los niños…  

Historias de la cuarentena: Aprendiendo juntos

Bruno, con su familia, protagonista de una de nuestras historias de la cuarentena.

Me llamo Bruno, tengo 11 años y vivo en Madrid con mis padres y mis tres hermanas pequeñas: Martina, Mencía y Olivia. Yo soy el mayor y el único chico, así que a mi padre y a mí a veces nos gusta estar juntos y hacer cosas solos, como salir a correr, a jugar al fútbol o ir a algún sitio en moto.

En este confinamiento me lo estoy pasando muy bien con mi padre. Él me está enseñando a tocar la guitarra y como podréis ver, la toca muy bien.

Algún día espero poder tocar como él, mi padre piensa que podré ser un buen guitarrista. En realidad, me gustaría ser en todo como él.

Estas navidades los Reyes Magos me trajeron una guitarra muy chula y desde ese día no me separo de ella. Hace unos días pensamos en preparar una canción para alegrar a los vecinos, y ensayamos varias juntos.

Al final, a mi padre se le ocurrió tocar el Hallelujah de Leonard Cohen. Pensamos que iba a ser muy bonito, porque era el Domingo de Resurrección, que es el día que resucita Jesús.

Pero cuando quedaban diez minutos para aplaudir, mi padre, después de haber montado todo en la terraza (micrófono, altavoz…), dijo que no lo quería hacer, porque le daba corte.

Todos empezamos a animarle para que lo hiciese, porque él se lo sabía genial. Cuando empezó a tocar yo me puse muy contento y a él le veía bastante tranquilo. Eso me alivió.

Podía ver a los vecinos. Todo el mundo estaba asombrado porque nadie antes había tocado en nuestro patio. Todo el patio estaba expectante

Al final le aplaudieron mucho, ¡muchísimo! y mandaron mensajes muy bonitos en un grupo de Whatsapp que tienen los vecinos. Decían que les había encantado y emocionado.

Ahora todo el mundo tiene ganas de hacer cosas juntos. Y es que cada vez que alguien hace algo por los demás aprendemos cosas nuevas para ayudarnos.

En casa, por ejemplo, nos encanta la música, eso es lo que más hacemos para alegrarnos, y eso es lo que podemos hacer por los demás.

Yo personalmente echo mucho de menos al resto de mi familia, a mis primos, también echo de menos el colegio, mis amigos y poder salir a jugar al fútbol… Pero esto de estar en casa es lo que toca para poder salvar las vidas de miles de personas.

Bruno, junto a sus hermanas, escribe una de nuestras historias de la cuarentena.

¡Y en casa también se aprenden muchas cosas sobre tu familia! ¡Estar más tiempo en familia está siendo distinto y muy chulo para mis padres y también para mis hermanas y para mí!

Superaremos este virus.

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Hasta aquí la historia de Bruno. No olvides que nuestra iniciativa Historias de la cuarentena tiene premio. La mejor historia será premiada con un viaje a Pazo de Vilane (cuando acaben las restricciones, naturalmente).

Anímate y escríbenos un correo electrónico a comunicacion@pazodevilane.com, indicando en el asunto «Iniciativa Historias de la cuarentena».