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Los huevos en el arte: 5 cuadros famosos de pintores españoles con el huevo como protagonista

Los huevos siempre han estado presentes en nuestro arte. Conoce de la mano de Pazo de Vilane algunos de los cuadros con huevos más famosos del mundo surgidos de los mejores pinceles españoles de todos los tiempos.

Los huevos y las gallinas, tan ligados a nuestras raíces culturales y culinarias (¡tan nuestros!) no han faltado jamás en el arte español.

En efecto, nuestras queridas aves y sus huevos camperos han sido protagonistas de los cuadros de nuestros más afamados pintores, porque los artistas –siguiendo los usos y costumbres de cada tiempo, o incluso adelantándose a su época- no hacen más que reflejar y encauzar el vivo sentir del alma humana en cada circunstancia.

Seguro que te vienen a la memoria cuadros tan conocidos como “Vieja friendo huevos, de Velázquez, “Vieja con gallina y cesta de huevos”, de Murillo, el dibujo de Goya “La huevera, “El Nacimiento de Cristo, de Juan Pantoja de la Cruz, o los “Huevos al plato sin el plato de Salvador Dalí.

Pero quizá no conozcas la riquísima simbología que encierra este alimento tan querido para nosotros en estas obras de arte o sus curiosas enseñanzas. ¿Quieres adentrarte en los secretos de los huevos y el mundo del arte?

¡Síguenos, que te los desvelamos!

El nacimiento de Cristo. Juan Pantoja de la Cruz (1603)

El Nacimiento de Cristo, de Juan Pantoja de la Cruz

Juan Pantoja de la Cruz, creador de obras religiosas, bodegones y algunos frescos, fue nombrado pintor de cámara de Felipe II en 1596. Había adquirido un dominio total de la luz en sus cuadros durante una estancia formativa en otros países europeos; gracias a ello conseguía envolver las figuras en un poderoso y teatral contraste de luces y sombras que todavía hoy nos asombra.

Fue a partir del ascenso al trono de Felipe III cuando su carrera comenzó realmente a prosperar, al recibir el favor y encargos de la reina Margarita, mujer del monarca.

A ésta le gustaban especialmente sus retratos “a lo divino”, es decir, aquellos en los que el pintor colocaba los rostros de la familia real en personajes de la historia sagrada y del santoral cristiano.

Este “Nacimiento de Cristo”, que sigue este estilo, fue un encargo para el oratorio privado de la reina en el Palacio Real de Valladolid (donde por aquel entonces tenía su sede la Corte española).

Así, los “pastores” que ofrecen presentes al Niño Dios son en realidad miembros de la familia real española. La reina Margarita está a la derecha, de pie; también aparecen sus hermanos, Fernando, Leopoldo y Maximiliano Ernesto.

¿Pero y los huevos? ¿Qué papel tienen? Una vez más comprobamos que los huevos y el mundo del arte están íntimamente ligados. Junto al niño, en una indiscutible posición relevante, se sitúa una gallina dentro de una cesta, en actitud tranquila, que entrega lo mejor de sí (su producción de huevos) al personaje al que todos adoran.

Parece lógico pensar -por el lugar que ocupa en el cuadro- que son la reina y sus cortesanas las “pastorcillas” que han depositado la cesta de huevos a los pies del pesebre. Es su ofrenda real.

El cordero, humilde, yace muerto junto a los huevos -atado como lo estará el Niño-  y es símbolo de la Pasión y muerte que sufrirá. Los huevos, como contrapunto, representan la creación del mundo y la Resurrección de Cristo.

Vieja friendo huevos. Velázquez (1618)

Vieja friendo huevos de Velázquez. El gran maestro concedía gran importancia a la simbología de los huevos en sus cuadros.

Una vez más, los huevos y el arte íntimamente ligados. Nuestro gran pintor sevillano Diego Rodríguez de Silva y Velázquez firmó este cuadro con tan sólo 19 años, dos antes de emprender su primer viaje a Madrid con el objetivo de abrirse camino en la profesión y entrar al servicio del rey de España, el jovencísimo Felipe IV (del que sería pintor de Corte a partir de 1623).

El muchacho del cuadro es uno de esos pícaros que frecuentaban la Sevilla populosa y rica de la época, la ciudad más abierta y cosmopolita de todo el Imperio por aquel entonces, pues gozaba del monopolio del comercio con América. Es un claro exponente de las novelas costumbristas del Siglo de Oro, como las Novelas Ejemplares de Cervantes o El Lazarillo de Tormes, de autor desconocido.

Velázquez, ya en aquellos años de juventud, borda las presentaciones del natural y consigue dotar de un realismo increíble al cuadro, recurriendo al entonces innovador artificio del claroscuro.

Entre los artistas del XVII era muy común plantear adivinanzas y enigmas en sus obras, y esta “Vieja friendo huevos” no es una excepción.

También los bodegones –aunque para los críticos era un género menor, no así para el público sevillano- escondían enseñanzas morales profundas, sobre todo relativas al paso inexorable del tiempo y la caducidad de la existencia terrenal.

Esta moraleja se aprecia incluso en la composición de este cuadro: la anciana (que simboliza la proximidad de la muerte) está sentada frente al niño, que tiene toda la vida por delante. Juventud y vejez en profundo contraste.

Pero en medio están los huevos, que según los estudiosos es símbolo de regeneración: de la vida que nunca cesa.

Quedaría por tanto la esperanza de la perpetuación del hombre a través del paso de las generaciones.

Vieja con gallina y cesta de huevos. Murillo (alrededor de 1650)

Vieja con gallina y cesta de huevos, de Murillo.

Se cree que el gran Bartolomé Esteban Murillo (1617-1682) pintó esta “Vieja con gallina y cesta de huevos” en plena epidemia de peste (los primeros contagios se dieron en Europa en 1649).

Además de la influencia de Caravaggio, Ribera, Velázquez y la pintura holandesa, en este cuadro en el que se funden huevos y arte se revela la conciencia social del pintor, que sufrió apreturas económicas cuando sólo era un aprendiz y tuvo que vender sus pinturas religiosas de pueblo en pueblo para sufragar sus estudios.

Formado en el naturalismo tardío, Murillo era capaz de conseguir retratos como este, llenos de asombroso realismo y precisión.

La anciana sostiene una gallina con ambas manos y una cesta repleta de frescos huevos con el antebrazo. En la expresión y rasgos de su cara (boca desdentada, nariz afilada, ojos hundidos…) se aprecian los muchos sufrimientos y penalidades padecidos en su vida.

Eran tiempos difíciles, sin duda, más aún por la presencia constante de moribundos causados por la peste, que caían en las calles y ni siquiera podían ser atendidos.

El cuadro está lleno de curiosos detalles y contrastes: desde la fina pluma de la gallina que reposa descuidada en el hombro derecho de la anciana, hasta el contraste entre la mano firme que sujeta el cuerpo del ave y la suave delicadeza con que sostiene con la otra las patas del animal.

Los huevos eran uno de los alimentos básicos de la dieta de los españoles del Siglo de Oro: pícaros y soldados, clérigos, nobles y reyes, lavanderas, hilanderas, aventureros que iban a hacer las Américas… en todas las casas había gallinas para el consumo familiar de sus huevos y carne.

El gran Murillo, un observador y retratista excepcional, no podía pasar este detalle por alto.   

La huebera o huevera de Francisco de Goya (1808-1814)

La huebera o huevera de Francisco de Goya, una obra de arte con gran carga simbólica.

Este dibujo de uno de nuestros pintores más universales (considerado uno de los más grandes de todos los tiempos), realizado a tinta de hollín y parda sobre papel verjurado, pertenece al denominado Álbum C de Goya. Tanto el título inicial, “la guebera”, como el corregido “La huebera” (con b) son autógrafos suyos, y con esa misma tinta parda dio un pequeño retoque a la cesta con el fin de definir mejor el contorno de uno de los huevos.

El Álbum al que pertenece esta obra se realizó entre los años de la Guerra de la Independencia y los de la restitución en el trono de Fernando VII. Aborda temas muy variados, desde la vida cotidiana, aldeanas, majas o numerosos mendigos, hasta sueños o visiones oníricas.

En este caso, la hermosa aldeana, vestida y adornada con todo lujo de detalles –Goya conocía muy bien los vestidos populares- ordena con el brazo a un pretendiente agazapado tras el tronco de un árbol que se aleje de ella.

El gesto del hombre acechante no parece hostil (lo que echaría por tierra la teoría de que es un ladrón) sino de admiración y deseo.

Ella, con su postura corporal, parece proteger los huevos –y su honra- de su pretensión sexual. Como vemos, el huevo es aquí reflejo de la vida a través de la atracción de hombre y mujer.

Huevos al plato sin plato. Salvador Dalí (1932)

Huevos al plato sin plato de Salvador Dalí.

Uno de los pintores que mayor ligazón trabó entre huevos y arte fue Salvador Dalí. Cuando crea este “Huevos al plato sin plato”, a principios de la década de los treinta, nuestro genial artista ya ha encontrado su particular lenguaje y forma de expresión, que le acompañarán e identificarán para siempre. Aquí ya se aprecia su propio estilo, esa mezcla de vanguardia y tradición tan suya.

En la fecha en que pinta este cuadro, Dalí ya está integrado completamente en el surrealismo y comienza su consagración como artista de reconocido prestigio, con exposiciones en Nueva York o París. 

“Huevos al plato sin plato” presenta novedades respecto a su producción anterior. Las rocas costeras de Cadaqués sólo ocupan un pequeño espacio, a la derecha de la composición. A la izquierda aparece una estructura de ángulos rectos, que pueden ser escalones o un edificio de moderna arquitectura. Sobre el primer escalón se dispone un plato con dos huevos fritos de impresionante detalle y factura. Un tercer  huevo está a punto de caer, pero lo impide una cuerda –que surge del cielo-, de la que queda suspendido.

El huevo de aspecto blando es un tema recurrente en Dalí, quien lo asocia al mundo prenatal, intrauterino. Es decir, el huevo es la gestación, la vida. Dalí afirmaba que tenía recuerdos de cuando se formó en el útero de su madre, y estas imágenes previas a su nacimiento las vinculaba con frecuencia a los huevos: duros, redondos y firmes, por fuera; blandos y líquidos por dentro.

Los huevos en la obra de Dalí son verdaderamente una constante, y también son empleados simbólicamente para referirse a su hogar, su nido. Por ejemplo, el Museo Dalí, en Figueras, está coronado por gigantescos huevos; tan sólo un exponente más de esta “obsesión” artística.

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Como ves, los huevos y el arte están íntimamente ligados. También todos los que trabajamos en Pazo de Vilane creemos que los huevos y el mundo del arte tienen mucho que ver. De hecho, dentro de nuestra política de RSC, frecuentemente impulsamos en el Pazo iniciativas artísticas, como conciertos, muestras o exposiciones.

En 2019 celebramos la V Edición de los Concertos no Pazo, una actividad gratuita anual cuyo objetivo es llevar la música clásica a los habitantes de Antas de Ulla, donde se enclava Pazo de Vilane, para que puedan disfrutar cada año de una velada mágica.

Pero también a lo largo de nuestros casi 25 años de andadura hemos dado acogida a muestras de cerámica, tertulias y cuantas iniciativas culturales de la zona nos han parecido interesantes.

Por el momento, estos eventos han quedado cancelados temporalmente debido a la pandemia, pero esperamos recuperarlos muy pronto… Y contamos con tu apoyo y presencia para seguir celebrándolos.

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