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Ya tenemos al ganador del concurso de anécdotas

Las historias que hemos recibido en la cuarta edición del Concurso de Anécdotas Campestres de Pazo de Vilane nos han hecho reír, emocionarnos y sorprendernos. Hoy te presentamos al relato ganador.

El pasado mes de julio convocábamos la cuarta edición del Concurso de Anécdotas Campestres de Pazo de Vilane. Se trata de una ya clásica acción que realizamos con la intención de construir la memoria de nuestra tierra y la esencia que nos une a la naturaleza a través de las historias que nuestros amigos nos debían trasladar. La participación estaba abierta a todo el público y las anécdotas que nos habéis trasladado nos han llegado muy adentro.

El requisito básico para participar era elegir alguno de tus recuerdos, antiguos o más recientes, ligados con el mundo del campo: momentos con la familia, relacionados con animales, con aquella excursión por el monte o alguna curiosidad vivida en el rural. El plazo de recepción estuvo abierto durante un mes y medio, período en el que se debía votar la historia que más os gustara.

Y es que la anécdota campestre con más votos, sería la ganadora. ¿El premio? Un fin de semana en un alojamiento rural de la comarca de A Ulloa con desayuno además de una comida en un establecimiento de la zona. Y, como no podía ser de otra manera, una visita a nuestras instalaciones para conocer de cerca Pazo de Vilane y ver a la gallinas en libertad en primera persona. 

El ganador resultó ser Carlos Blanco y aquí os dejamos su emocionante anécdota:

“Corría el año 90 con tan solo 6 años y ya sabía lo que era sano: el sabor de lo natural. En una aldea gallega quizá no muy lejos del Pazo de Vilane se despertaba un niño un poco tímido o tal vez audaz al compás del canto del gallo que dominaba el corral de su abuela por entonces ya viuda. Era una mañana del mes de agosto en la que se mezclaba el dulce olor de un desayuno campero con el almizcle natural de los verdes prados que rodeaban el lugar. Torrijas ha hecho la abuela. Con huevos recién cogidos del corral. Sabor inconfundible que me eriza la piel y lo consigue una vez más casi 30 años después. Y es que memorizamos con todo lujo de detalles aquello que nos emociona. Muchas veces ni siquiera sabemos que lo tenemos pero ahí está: en un hueco de nuestro cerebro perfectamente almacenado. Año 2019. Podríamos ser cualquiera de los que leemos esta historia. Mi mujer Ana trae una caja perfectamente empacada con una docena de huevos de gallinas camperas gallinas en libertad. La abro con sumo cuidado y ya veo que hablamos de un producto diferente. Es entonces cuando prepara el desayuno: torrijas con los huevos y pan de Cea. Por un momento las pruebo y cierro los ojos… Se me eriza la piel… Aquel sabor inconfundible almacenado desde el pasado siglo vuelve a surgir: Veo a mi abuela, huelo el almizcle siento el pasado en el presente y consigo saciar mi paladar con tal dulce manjar. Y esa es la razón de haber escrito esta historia: para transmitir lo que he vivido desde entonces. Los huevos camperos del Pazo de Vilane conservan lo mejor del pasado pero en pleno siglo XXI. Y es que lo natural además de sano, EMOCIONA.”

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