Rafa Valladares: el perspicaz observador de gallinas camperas

 

La jornada de Rafa –hermano de Basi, nuestro capataz- comienza bien temprano en las granjas de Pazo de Vilane, cuando entra en los gallineros para hacer la primera revisión general del día.

Su labor se parece a la de un detective: comprueba la temperatura, la humedad relativa, los niveles de los comederos… Cualquier anomalía le hace ponerse en guardia: ¿Falta mucha agua en los bebederos? Entonces es que las gallinas han comido poco y debe averiguar por qué… 

Rafa, ¿cuánto tiempo llevas en Pazo de Vilane? 

Dentro de poco cumpliré dos años. Conocí el Pazo a través de Basi, mi hermano menor. 

¿Te gusta tu trabajo en las granjas?

Mucho; me gusta estar entre animales y cuidarlos. Todavía tengo que aprender de gallinas camperas –de hecho, lo hago todos los días- pero ya distingo bien sus distintos cacareos, porque conocerlos es fundamental para nuestro trabajo. El cacareo óptimo de una gallina, el que siempre debemos procurar con nuestros cuidados, se asemeja al ronroneo de un gato. Ya sabes, un ruido constante, suave, monocorde. ¡Tranquilo, en definitiva!

O sea, que si pasa algo, ellas te avisan… 

Desde luego, pero hay que tener experiencia y haber pasado tiempo con ellas para detectarlo. Se puede llegar a distinguir un cacareo de dolor, de nerviosismo, de miedo, hasta de enfermedad… 

¡Casi como cuando cuidas a un niño!

Justo. Porque a veces también hay que separarlas como a los niños en los recreos (ríe). En el Pazo estamos tan encima de las gallinas que sabemos cuándo algunas están teniendo problemas con sus congéneres y cómo evitarlos. Así, tenemos zonas especiales, acotadas, en los gallineros, donde refugiamos a las más débiles –hasta que cogen más peso, por ejemplo- o a las más sumisas, aquellas a las que picotean las dominantes. 

Tampoco permitimos que las más jóvenes y miedosas se amontonen en sus horas de descanso, cuando no están fuera, pastando. Las dominantes tienden a escoger los mejores sitios, coger más comida, etc. ¡Son abusonas! (ríe).

¿Y esto es habitual?

Por supuesto. Estos comportamientos son normales, instintivos, en lotes de pollitas jóvenes, donde todavía se están estableciendo las relaciones de jerarquía. 

Pero no los permitimos por su propio bien. Por eso observamos y resguardamos a las débiles; en seguida se recuperan, las reincorporamos y vuelven a estar felices. 

Desde luego, llegáis a conocerlas a fondo…

¡Y tanto! Incluso por el aspecto de los huevos que ponen. Y aunque el mayor control de calidad en este sentido lo realiza el Departamento de Envasado, nos fijamos mucho porque nos “habla” de cómo está la gallina por dentro. Cuando hacemos la recogida diaria buscamos detalles para detectar posibles problemas: aspecto rugoso, o demasiado blanquecinos, por ejemplo. Pero siempre dentro de su contexto. 

Explícanos mejor esto último…

Pues que buscamos parámetros que se salgan de lo normal dentro de la edad de las gallinas. O sea, que las jóvenes ponen huevos pequeños y de cáscaras más fuertes y las mayores, más grandes y frágiles (aunque ambos sean de buena calidad). Buscamos defectos que sugieran un problema; no lo habitual producto del envejecimiento del ave.   

A mucha gente le llama la atención lo mansas que son nuestras gallinas. Podemos incluso cogerlas sin problemas…

Efectivamente, eso dice mucho de cómo están cuidadas. Son muy mansas y tranquilas porque no les falta ningún nutriente (aparte de porque están acostumbradas al trato humano). Te aseguro que no tendrían ese comportamiento si les faltaran proteínas, calcio, hidratos o algún aminoácido…  

¿Recomendarías nuestros huevos?

Por supuesto, porque todo el equipo de Granjas de Pazo de Vilane prima la calidad frente a la cantidad. Y la calidad es la mejor posible porque el cuidado es artesanal. Lo que hacemos es sin trampa ni cartón. 

¿Y cómo los prefieres, en qué platos?

También ahí lo tengo claro: en arroz a la cubana y en el flan de huevo casero

Rafa, no hemos parado de charlar sobre gallinas y huevos camperos… ¡Háblanos de ti y de tus aficiones!

¡Claro! Antes de la pandemia me encantaba practicar deporte. ¡Cualquiera! Fútbol, ciclismo… lo que fuera. Soy muy activo. También me gustan mucho los animales. En casa siempre hemos tenido gallinas e incluso mis abuelos tenían vacas hace tiempo. Como soy soltero y vivo solo, gran parte de mi tiempo libre lo pasaba con amigos. Pero ahora no quedo con ellos por temor a los contagios. Tenemos la responsabilidad de cuidar de Pazo de Vilane, de ahí que hagamos grupos burbuja, en el trabajo y fuera de él. 

¿Cómo te gustaría vernos dentro de 5 años?

Pues con la estabilidad y la tranquilidad de seguir trabajando aquí. Que Pazo de Vilane siga adelante, siendo la gran familia y empresa que es hoy en día. ¡Pero aún más desarrollada!

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