Juan Carlos Vázquez Sánchez, el chófer aventurero de Pazo de Vilane

 

A sus 48 años, Juan Carlos Vázquez Sánchez ha llevado una vida viajera, llena de anécdotas y aventuras internacionales. Casado con Mar Abelairas, operaria de almacén de Pazo de Vilane, este bilbaíno de nacimiento (pero lucense por sus raíces familiares y por supuesto de sentimiento) ha recorrido media Europa manejando un gran volante.

Definitivamente, su vocación podría resumirse en la célebre canción de Loquillo: “Yo para ser feliz quiero un camión”.

Juan Carlos, no lo niegues, naciste para ver mundo… 

Sí, lo mío es conducir. No lo cambiaría por nada, me encanta moverme de aquí para allá.

En Pazo de Vilane mi actual ruta abarca La Coruña, Santiago y algunas otras ciudades gallegas. Pero antes de entrar en la empresa trabajé por toda Europa: he recorrido Holanda, Bélgica, Alemania, Suecia…

Lo que más le gusta a Juan Carlos de su trabajo es la constante actividad y el poder conocer lugares y gente muy distinta cada día

Seguro que tendrás mil anécdotas divertidas...

Desde luego, sobre todo a la hora de comer. Pero como con eso no se juega, trataba de ir sobre seguro y pedía “bistec”, que es una palabra internacional (ríe). De todos modos, el método de señalar con el dedo y decir: “¡eso!”, también solía funcionar.

Lo que más me gustaba de viajar al extranjero era la aventura: conducir durante horas por paisajes increíbles, ver ciudades preciosas, conocer a gente muy distinta, resolver situaciones en otro idioma…

Hay que ver lo que te has movido, ¡Y desde pequeño! 

Sí, no he parado. Mi padre es gallego, pero emigró a Inglaterra de soltero, para trabajar. Luego volvió a la tierra y fue entonces cuando conoció a mi madre. Se casaron y se fueron a vivir a Bilbao, en busca otra vez de trabajo. Fue allí donde nací yo. 

Cuando viajaba por toda Europa, Juan Carlos tenía sus trucos lingüísticos para asegurarse una buena comida…

Pero volviste…

¡Es que yo me considero de aquí! Los veranos y vacaciones los pasaba en la Ulloa, y me vine a vivir muy joven, con unos 21 años. Me saqué el carnet de conducir, después los carnets profesionales y empecé a trabajar. Por esa época conocí a una chavala… (se refiere a Mar, nuestra operaria de almacén) y formamos una familia, aquí al lado de Pazo de Vilane. Vivimos a un kilómetro y medio; puedo venir andando al trabajo.  

¿Cómo están los niños?

¡Pues muy grandes! El mayor tiene 19 y ya está en la Universidad, estudiando Magisterio. La pequeña, que tiene 10, todavía en el cole. 

¿Y tú, cómo andas de la espalda?

Mucho mejor. Tuve un problema de ciática y me vi obligado a estar de baja. Pero con mucho reposo y el tratamiento he mejorado. Ya estoy reincorporado; encantado de estar en marcha otra vez. 

Lo habrás pasado mal, teniendo que estar quieto, tal como eres…

Algo, sí, la verdad. Menos mal que me encantan el fútbol y la tele, y con eso me entretenía bastante. 

Los colores del Lugo; uno de los grandes «amores» de Juan Carlos.

Tus partiditos televisivos los fines de semana que no te los quiten…

¡Eso, eso! Ya sabes que soy forofo del Lugo y del Barça, sobre todo del primero. El fútbol lucense no hace más que darme alegrías desde hace 10 años, cuando subió a segunda. ¡Estamos lanzados! Para colmo estamos mucho mejor que el Depor, con lo cual puedo picar a gusto a Miguel (su compañero, el otro chófer del Pazo). 

¿Qué es para ti Pazo de Vilane?

Es mi empresa, la siento como mía. Imagínate, buena parte de mi familia trabaja aquí. Mi mujer, Mar; mi cuñada, Ana… Hasta mi prima Bego es la cocinera del Pazo, ¡famosa en el mundo entero por sus recetas! (ríe). Lo mejor de Pazo de Vilane es su trato humano; lo he podido comprobar durante mi baja. 

¿Y cómo te ves dentro de 5 años?

¡Pues más viejo! No, en serio, mi deseo sería que todo siguiera igual, con tranquilidad. Los dos trabajando aquí y con prosperidad y salud. Los niños ya encauzados…

Una riquísima tortilla de patatas hecha por Bego, prima de Juan Carlos, con huevos del Pazo y cachelos.

Juan Carlos, no nos podemos despedir sin que me digas tu plato preferido con huevos…

Pues sin duda, la tortilla de patatas, pero hecha con cachelos y huevos camperos del Pazo, de nuestras gallinas gallegas. ¡Reto a quien quiera a superarla!