2 de mayo: ¡Feliz Día de la madre!

 

“Madre no hay más que una”, por eso debemos cuidarla al máximo y en todo momento. Ahora bien, hay un día especial, el Día de la Madre, dedicado especialmente a ella. ¿Conoces su origen?

Es probable que el Día de la Madre se haya celebrado de una manera u otra desde los tiempos más remotos de la Historia. Ya en las civilizaciones clásicas, como la griega, se rendía honores a la diosa mitológica Rhea, que era la madre de tres dioses: Zeus, Poseidón y Hades. También los romanos recogieron esta tradición e instituyeron el 15 de marzo como fecha oficial que daba paso a tres días de ofrecimientos en el templo de Cibeles.

Con la llegada del Cristianismo, la fiesta del Día de la Madre se transformó en homenaje a la Virgen María, madre de Jesucristo y de todos los creyentes. Y ya en el siglo XVII se tienen noticias de que el festejo tenía lugar en el cuarto domingo de Pascua y se llevaban flores y ofrendas a la Iglesia en la que cada cristiano había sido bautizado –como agradecimiento a la Iglesia Madre-.

Fue a finales del XIX cuando en Boston (EEUU) Julia Ward Howe organizó una celebración religiosa y manifestación pacífica para reunir a todas las madres de familia que habían sido afectadas por la entonces reciente Guerra de Secesión americana, que enfrentó en horrible contienda civil al país. Treinta y ocho años más tarde fue imitada por Anna Reeves Jarvis, un ama de casa que intentó institucionalizar la fecha del Día de la Madre y para ello emprendió una campaña tratando de influir a personalidades políticas e intelectuales de la época.

El Día de la Madre en España

Sin embargo, y a pesar de todos esos esfuerzos, es bien sabido que aún hoy día no existe una fecha universal para festejar el tan querido Día de la Madre. En Panamá se celebra el 8 de diciembre; en Argentina, el tercer domingo de octubre; en Colombia, municipios como Cúcuta lo festejan en fecha diferente a la del resto del país…

El segundo domingo de mayo es el día señalado para gran parte de los países europeos, como Alemania, Austria, Países Bajos, Dinamarca, Grecia o Italia. Y en España, desde 1965, el Día de la Madre es el primer domingo de mayo, aunque no siempre fue así.

El primer impulsor español de la celebración de este gran día fue el poeta Julio Menéndez García, quien publicó en 1925 su “Himno a la Madre” en un folleto en el que proponía un jornada oficial para todos los países de habla hispana. Nunca llegó a darse esta institución oficial, pero al menos al año siguiente se festejó en Madrid el 4 de octubre y en Granollers el 6 de mayo.

Años más tarde, el poeta canario Félix Duarte Pérez propuso la institucionalización en el municipio de Breña Baja (La Palma) y al año siguiente, en 1936, se convirtió en el primero de toda España en celebrarlo de forma oficial y anual. En los 40 se fue instituyendo poco a poco el Día de la Madre el 8 de diciembre, coincidiendo con la fiesta de la Inmaculada Concepción.

Pero ya en los años 60, unos grandes almacenes, inspirándose en una costumbre de Cuba –país donde trabajó largos años su fundador- propone el primer domingo de mayo. Ambas fechas convivieron hasta 1965, año en que las autoridades eclesiásticas optan por celebrar la fiesta en este último mes, costumbre que ha pervivido hasta nuestros días.

¿Y cómo era nuestra madre, la de los tres hermanos Varela-Portas?

Permitidnos que interrumpamos este relato histórico para hablaros un poco de Piedad de Orduña Toledo, nuestra madre, porque ella fue de vital importancia en esta gran aventura de Pazo de Vilane en la que todavía estamos inmersos. Contrariamente a lo que era habitual en la España de mediados del siglo XX, fue una joven culta, de las primeras de su época en cursar lo que entonces equivalía a una carrera universitaria: Perito Mercantil.

Nació y pasó parte de sus primeros años en Madrid, pero en los 50 toda su familia se trasladó a Lugo debido a un traslado laboral de nuestro abuelo. Sin embargo, el haberse criado en un ambiente urbano e intelectual no le impidió años más tarde arremangarse y trabajar duro en el campo cuando fue necesario. ¡Todavía la recordamos cortando las uñas a las ovejas!

Los que la conocieron en aquella época todavía nos recuerdan su gran capacidad de adaptación en el mundo rural; en pocos meses se convirtió en una persona querida y apreciada en todos los ambientes. Los tres hermanos coincidimos en que nuestra madre tenía dos excelentes cualidades: la de adaptarse a la vida con alegría (en toda circunstancia) y una gran libertad interior que llevaba y extendía a dondequiera que fuera.

Con el tiempo, y ya con la capacidad de análisis que nos da la madurez, hemos comprendido que mi padre fue el gran ideólogo, impulsor y creador de decenas de proyectos empresariales y culturales, entre ellos, Pazo de Vilane. Pero fue nuestra madre la que le obligó a aterrizar esas mismas ideas y a ponerlas en tela de juicio para asegurarse de que soportarían el peso de la realidad.

Él era el pensador imaginativo, el de las ideas avanzadas; ella, la de la mente práctica y equilibrada, capaz de separar el grano de la paja: las iniciativas que sí funcionarían de las que sólo podría soportar el papel.

En definitiva, en todo momento (en las duras y en las maduras) nuestra madre, Piedad Orduña de Toledo, nos dio un soporte emocional y afectivo imprescindible, muy especialmente a nuestro padre. Muchos pensamos que si él pudo llevar a cabo tantos y tan variados planes profesionales fue sólo gracias a esa fortaleza y sostén que nuestra madre le brindó. Así era nuestra ella: alegre, libre, sensata, práctica, estable…

Y este es el pequeño homenaje que hoy, en el Día de la Madre, le brindamos. ¡Feliz Día de la Madre a todas!