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Continuamos con más anécdotas campestres

Os contamos las historias que nos habéis enviado en la cuarta edición de nuestro concurso

Continuamos enseñándoos algunas de las historias que nos habéis hecho llegar para participar en el Concurso de Anécdotas Campestres de Pazo de Vilane. La idea era recopilar esas historias relacionadas con la naturaleza que todos hemos vivido alguna vez. Podían ser graciosas, curiosas, entrañables…lo importante es que te trajeran un buen recuerdo a la memoria de un momento único. 

El ganador de esta cuarta edición del concurso fue Carlos Blanco, la persona en recibir más votos gracias a su anécdota que rememoraba tiempos pasados de su infancia al mismo tiempo que aunaba recuerdos de los desayunos que le hacía su abuela. Ahora queremos seguir dando a conocer las historias del cuarto Concurso de Anécdotas Campestres y por eso cada mes os revelaremos unas pocas.

Tamara González

La primera vez que fui al norte de España con mi novio fui por el campo en bicicleta y cuando pasamos cerca de las vacas empecé con tales náuseas que no sabía si parar o seguir con la bicicleta. 

Ana Simancas

Una tarde romántica haciendo un picnic terminó fatal cuando nos dimos cuenta que nos habíamos sentado encima de un hormiguero y estábamos llenos de hormigas. 

Laura Castillo

Con 15 años tuve mi primer y último campamento. Una semana por la montaña y el campo… La tercera noche dormimos a la intemperie en sacos. A media noche mientras los monitores nos entretenían yo solo podía notar (estaba oscuro y no se veía nada) como las arañas subían por las piernas. Una y otra vez. ¡Ah! Tengo que añadir que tengo pánico a las arañas. Pues bien con los nervios de tener que dormir al aire libre me metí en el saco con cabeza incluida. No noté el aire hasta la mañana siguiente cuando me desperté a causa de un pinchazo en mi pierna. Me sobresalté y me llevé la mano hacia donde había notado el pinchazo. Un tenedor. Con lo nervios de las arañas la noche anterior me había guardado mi tenedor en el bolsillo del pantalón. Para defenderme por si de madrugada me atacaban esos bichos de ocho patas y me comían.

Belén Martínez

Meterme en una era llena de excrementos de cerdo y vaca por error y no poder salir sin embadurnarme de mierda.

Roberto López

Los picnic con los amigos y las siestas a la sombra de los árboles con mi Adriana.

Raquel Lafón

Me gusta disfrutar del campo y la anécdota que recordaré siempre pasó cuando tenía 10 años. Fui con mi colegio a una excursión a la Pedriza en Madrid. Nos lo estábamos pasando genial corriendo jugando y nos entró sed. Fui al Manzanares a llenar mi cantimplora de plástico y después de beber se la pasé a un compañero. Con la mala suerte de que él apretó mucho la cantimplora y la pieza de plástico que hacía de pitorro salió disparada hacia su garganta. Se le quedó atascada y empezó a ponerse rojo. Otro amigo y yo comenzamos a darle golpes en la espalda y a apretarle el estómago, supongo que habríamos visto esa maniobra en la tele jeje. Y por fin pudo vomitar la pieza de plástico. Todo acabó bien y al final hasta nos reímos pero desde entonces tengo mucho cuidado con las cantimploras. 

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